19 diciembre, 2009

19 de noviembre, 2009.-

Estoy con mi madre y mi hermano Fernando esperando una micro que nos llevará a casa. Estamos en un lugar árido, seco, deshabitado. Mi hermano está acompañado por un gato negro al cual los dos queremos mucho. Me acerco al felino para acariciarlo, pero yo no le agrado, por lo que toma un hierro caliente (con los que marcan a los animales) y me marca en la mano unos símbolos extraños que no logro distinguir.
Llega la micro, nos subimos, comienzo a buscar algún asiento para sentarme con mi madre. Lamentablemente bajo el asiento que elegí, estaba el gato escondido...

17 de noviembre, 2009.-

Despierto con un pinchazo en el muslo. Me subo el pijama para ver qué había, y veo salir desde mi pantalón dos pequeñas y negras arañas. La picadura me ardía, por lo que decidí tomar un cuchillo y cortar el pedazo de piel donde estaba aquella picadura. Saqué la piel y el veneno, y seguí durmiendo.

16 de noviembre, 2009.-

Camino junto a mi madre, por calles donde habían muchas casas antiguas. En mi pantalón blanco iban pegados con las alas abiertas dos murciélagos, los cuales eran mis nuevas mascotas. Mi madre me dice: Compra cinco aspirinas, porque apenas toques a los murciélagos te dará una horrible fiebre. Obedezco y compro las aspirinas. Luego llegamos a casa, entro a mi pieza y pongo un palo en la pared para que duerman mis dos nuevas y adorables mascotas. Yo me acuesto, y mientras duermo, mis dos mascotas se meten en mi cama, se acurrucan a mi lado y quedan plácidamente dormidos.